Mi nombre es Hunt, James Hunt

El piloto inglés era muy veloz a bordo de un auto, un bont vivant fuera de las pistas, falto de conducta y un tipo por demás noble. Su rivalidad con Niki Lauda es memorable. Vivió muy rápido y su vida se apagó tempranamente.

Un chico bien convertido en un niño malo. Un tipo que tenía destino de médico pero que decidió ser piloto de autos. James Hunt desafió todos los mandatos y tradiciones familiares para dedicarse a ser feliz. Esa felicidad se la dieron los autos, su inocultable rebeldía y una vida llena de excesos que luego trató de corregir. Además fue un piloto del demonio que protagonizó una de las rivalidades más importantes de la historia de la Fórmula 1 junto a su amigo Niki Lauda, de quien fue su antítesis.

James Simon Wallis Hunt estaba predestinado a vivir una vida con grandes lujos pero sin emociones. Todo cambió cuando asistió a una carrera de autos en Silverstone y allí mismo decidió que ese mundo era el suyo. Su estilo impetuoso, elegante, rebelde, arrogante y provocador le comenzaron a abrir las puertas en el automovilismo. Sus prioridades habían cambiando: ya no quería ser doctor sino dedicarse al mundo tuerca…

Su provocador buzo antiflama a principios de los años 70 despertaba tanto curiosidad como envidia al mismo tiempo en un ambiente totalmente pacato como era el automovilismo por aquellos tiempos. Su melena rubia llamaba la atención y él lo sabía, había que vivir deprisa…

En Japón 1976 se consagró campeón por apenas un punto sobre Niki Lauda.

El Lord que le cambió la vida

Los comienzos en el automovilismo fueron muy complicados para James. Sus padres se oponían a esta nueva inquietud, la cual consideraban totalmente pasajera y propia de la rebeldía de su hijo, y por lo tanto debió trabajar para conseguirse el dinero que le permitió comprar un desvencijado Mini para competir. Allí se ganó el apodo de “Hunt the Shunt” debido a sus continuos despistes. En Fórmula Ford cayó a un lago y se salvo de morir ahogado…

Pero su vida cambió radicalmente cuando pegó el salto a la Fórmula 3 inglesa. Allí conoció a Alexander Fermor-Hesketh, tercer Barón Hesketh, un aristócrata amante del deporte motor. Con él y su equipo, Hesketh Racing, logró llegar donde nadie jamás se imagino que el bueno de James llegaría: la Fórmula 1. James Hunt era un tipo extremadamente rápido pero muy propenso a cometer errores de todo tipo en sus comienzos.

Lord Hesketh tenía una gran simpatía por este joven rebelde e impetuoso y por ello lo contrató una vez que se terminó la aventura en March. Incluso el irascible James se tomó a golpes de puño con Dave Morgan durante una carrera de Fórmula 3. El aristócrata tenía una fe ciega en Hunt…

En la Fórmula 2 compitió poco tiempo ya que el Barón Hesketh decidió pegar el salto a la Fórmula 1 ya que estimaba que los costos entre ambas categorías eran similares. Compitió en algunas carreras de la temporada 1973 y toda el campeonato 1974.

En La Máxima pagó con creces la confianza depositada por Alexander Fermor-Hesketh y su equipo durante 1975 ya que consiguió ganar en Zandvoort además de conseguir el segundo puesto en el Gran Premio de Argentina. Con el fin de la temporada se quedó sin asiento ya que Lord Hesketh debió retirar el equipo por falta de dinero.

James Hunt y Lord Hesketh durante la presentación del Hesketh 308C en 1975.

1976 fue su año

Luego de un tiempo lleno de dudas e incertidumbre James recaló a último momento en McLaren tras la salida de Emerson Fittipaldi. Su velocidad por fin encontró un auto a su altura. El único inconveniente entre él y el campeonato era el andar arrollador de Niki Lauda y su Ferrari 312 T2 con la cual había ganado seis de las primeras nueve carreras.

El ritmo de Lauda era imposible de seguir en la temporada 1976 para el resto de los pilotos hasta el tremendo accidente que sufrió el austríaco en Nürburgring. En un momento Niki había recibido la extremaunción pero se empecinó en seguir viviendo y luego de solamente 42 días volvió a la acción en Monza. James se quedó con el campeonato tras la asombrosa recuperación mostrada por Niki.

Su rivalidad fue una de las más encarnizadas de la Fórmula 1. Se conocían desde la Fórmula 3 y desde allí nunca pararon de competir. Eso sí, siempre lo hicieron con absoluta limpieza. Su rivalidad quedó muy bien reflejada en esa imperdible película fierrera que es Rush. Allí se cuenta su pelea por el campeonato 1976. Fueron rivales y amigos, incluso Niki ayudó a James cuando este había perdido toda su fortuna debido a unas malas inversiones.

Así pelearon Niki Lauda y James Hunt el campeonato 1976 que finalmente ganó piloto de McLaren.

Un rebelde que vivió como quiso

Indudablemente James Hunt era rapidísimo arriba de un auto, tenía un talento pocas veces visto pero su informalidad y falta de apego a las reglas hicieron que no logre tantos resultados. Para él era más importante vivir que asumir responsabilidades. Un campeonato era suficiente para él. Su ambición llegó hasta allí.

Se retiró tempranamente de la Fórmula 1 en 1979 cuando en lugar de aceptar la oferta de Ferrari (hubiese sido un piloto amado por los tifosi) se decantó por la opción de Wolf. Claro, en el pequeño equipo inglés no existían las intrigas que sí hay en la Scuderia y que perduran hasta el día de hoy…

Siempre tenía un cigarrillo en la boca, una chica a su lado y una botella en su mano, cuando firmó para McLaren puso como condición no tener que usar traje. Fue uno de los últimos pilotos románticos que tuvo la Fórmula 1 junto a Gilles Villeneuve. Obtuvo 10 victorias, subió en 23 ocasiones al podio, marcó 8 vueltas rápidas e hizo 14 pole position. Además obtuvo un campeonato pero lo más importante que dejó fue el cariño y el recuerdo que recibió por parte de los aficionados. Ese fue su mayor triunfo.

A bordo de su McLaren M23 en 1976.

Fotos: McLaren y Prensa Fórmula 1.

Gonzalo Ferrer

Periodista deportivo. En los 90 hablaba de rugby en LV12 y ahora escribo y hablo sobre Fórmula 1. Fan de Star Wars, vi su estreno en el cine en 1978. Amo los autos y la navegación a vela. Deportes y literatura siempre. Rock, mucho rock. La curiosidad mueve todo.

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